Revista tlahtoa
Publicación bimestral
Mayo 2017. Número 30

 

Antropología ¿para qué?


Sergio Ricco Monge*
Estudié etnología porque la sociedad en la que vivo no me gusta
Claude Levi-Strauss

En sentido genérico la antropología en sus distintas modalidades y tradiciones metropolitanas, llamase antropología cultural, antropología social o antropología sociocultural que responden a una antropología emitida desde Estados Unidos, Inglaterra o éste híbrido que surge en otros lados, ha tenido la misión y la función de interpretar, y en su caso explicar, la otredad. Lo mismo sucede con la etnología que tiene asiento en Francia y Alemania, aunque esta última con menos difusión, tanto en los centros metropolitanos como en sus periferias. La antropología, en sentido genérico, logró un espacio en las universidades metropolitanas en el último tercio del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, acompañada las más de las ocasiones, por su cercanía con los museos, éstos como repositorios de colecciones de elementos culturales materiales, una gran diversidad de utensilios exóticos para la comprensión occidental, sin referencia a la vida cotidiana en los países metropolitanos, cosas varias procedentes de sitios remotos y que daban cuenta de grupos sociales sin comparación con la sociedad de la modernidad. Grupos inicialmente denominados primitivos, salvajes, ubicados en distintos estadios de desarrollo humano; salvajismo, barbarie y civilización, y a su vez ubicados en períodos; inferior, medio, superior. De tal forma fue que se estableció el desarrollo de la humanidad en donde el punto último era la civilización occidental.

            Esta visión de la conformación humana fue establecida por el célebre abogado y precursor de la antropología en Estados Unidos, Lewis H. Morgan (1818-1881) en su texto Ancient society, contemporáneo de dos pensadores que aún hoy día cimbran ideologías, Marx (1818-1883) y Engels (1820-1895), que desde el otro lado del Atlántico, pretendieron mantener correspondencia con él, negándola ya que éstos pensadores y revolucionarios, si bien habían logrado coincidir con el pensamiento de Morgan, las finalidades eran distintas. Para el abogado norteamericano se trataba de conocer las formas de organización social y para los revolucionarios Marx y Engels se trataba, no solo de conocer la organización social, sino de transformarla. Federico Engels elabora un texto de divulgación científica, pero sobre todo de agitación hacia la revolución social, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, donde sigue la lógica presentada por Morgan para el desarrollo de la humanidad en estadios precedidos por formas organizativas definidas por la familia y por el desarrollo tecnológico. Otro aporte, aún vigente, es El papel del trabajo en la transformación del mono al hombre. La mayor contribución de este texto es el proceso de hominización, planteamientos de vanguardia para su tiempo y útiles incluso para la comprensión de este complejo proceso en la actualidad; la posición bípeda, el pulgar oponible, la visión estereoscópica y, sobre todo, la adquisición del lenguaje, la comunicación humana, capacidad de aprendizaje y transformación de la naturaleza. Ello teniendo las demostraciones de los descubrimientos de Charles Darwin (1809-1882). En el caso de Engels, la recuperación de Darwin no conlleva un acento racista como el de otros pensadores de su tiempo. Para Marx y Engels se había llegado al estadio superior de la civilización, la sociedad industrial, pero hasta ahora la humanidad no había rebasado la etapa de la prehistoria. Se requeriría la revolución social para comenzar la historia de la humanidad.

            La antropología ha sido esa disciplina que se inscribió en las universidades como una forma de entender al otro, al diverso, sobre todo, a aquellos ubicados en latitudes viables de extraerles riqueza; bosques, minerales, materias primas diversas, y al mismo tiempo instalar mercados donde no existían. Así esta disciplina que de manera inocente buscaba el incremento de colecciones exóticas se convertía en un cuerpo disciplinario destinado a la regulación social para una extracción e instalación de nuevos modelos de vida de la manera más armónica. En este sentido, esta disciplina tiene una negra historia que ha estado directamente relacionada con formas coloniales y neocoloniales de dominación de inmensas franjas geográficas y culturales en el planeta. Toda incursión colonial imperial, desde el último tercio del siglo XIX y el siglo XX, ha ido acompañada por profesionales del estudio de la otredad. Un caso escandaloso que cimbró a las universidades en Estados Unidos fue la demostración de las becas otorgadas por el Departamento de Estado a las universidades para que los estudiantes de antropología hicieran sus tesis de grado y posgrado en el sudeste asiático, siendo el destino de estas investigaciones el espionaje y conocer las formas organizativas de los grupos rebeldes. Esta historia comienza a ser manifiesta a partir de una primera crisis económica e ideológica del mundo capitalista central durante de la década de los sesenta en el siglo XX.

No es una historia tan alejada, y desde luego no todos los antropólogos y etnólogos han participado fielmente a los procesos coloniales y neocoloniales, el estudio de la otredad también ha contribuido a participar del lado del otro, del lado de la liberación, de parte de los procesos de descolonización en África, Asia, América Latina. Así tenemos una antropología que a partir de la segunda mitad del siglo XX participó de manera activa en la descolonización del mundo, proceso inacabado e inconcluso.

Con esta somera revisión es necesario pensar qué hace el antropólogo y etnólogo en países periféricos y cuál será el lugar de este peculiar científico social que es capaz de estudiar la organización social, la organización política, las estructuras familiares más íntimas a partir del parentesco, las expresiones culturales y los significados lingüísticos. ¿Sigue descubriendo excentricidades? desde luego, pero puede también colaborar y contribuir a un vínculo con el otro, a trabajar en términos de un intelectual comprometido, como diría el célebre marxista Antonio Gramsci (1891-1937), un intelectual orgánico, orgánicamente vinculado con las luchas populares. Así pues, la antropología es una disciplina social y como tal no está alejada de la política y menos aún de la ideología. En el seno de las ciencias antropológicas hay un debate actual, de larga data, que es ideológico y se encuentra en relación directa a intereses de clase, a proyectos sociales. En este panorama se presentan proyectos científicos antropológicos que no solo pretenden explicar la realidad, sino transformarla.

Felicitamos a Tlahtoa por su aniversario, esperando muchos más. Larga y fecunda vida a este proyecto popular.

* Maestro en Antropología.

 

 

 

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