Revista tlahtoa
Publicación bimestral
Mayo 2017. Número 30

 

Diversidad cultural y los sistemas de pensamiento de los pueblos originarios


Laurentino Lucas Campo
Profesor investigador de la Universidad Intercultural del Estado de Puebla
Pertenece al pueblo Tutunaku


Introducción

En este trabajo se aborda una revisión breve acerca de la difusión de la concepción científica en la generación del conocimiento; enseguida de aborda el reconocimiento de la diversidad cultural, especialmente de los sistemas de pensamiento de los pueblos originarios, donde se cristalizan sus conocimientos acerca de los distintos aspectos que conforman su vida cotidiana. Por último se discute lo que ha implicado comprender y conceptualizar un pluralismo epistemológico donde tienen cabida los sistemas de conocimiento que los pueblos originarios han construido a lo largo del tiempo de su existencia.

El paradigma científico en la concepción del conocimiento

El modelo de racionalidad que prevalece en la ciencia moderna es producto de la revolución cognoscitiva que se gestó a partir del siglo XVI, pero es en el XVIII y especialmente en el XIX cuando dicho modelo de racionalidad se establece como propio de las ciencias naturales extendiéndose incluso hacia las nacientes ciencias sociales.

A partir del criterio de la existencia de esta racionalidad, fundamentada en la noción del universalismo en cuanto a la manera de acceder al conocimiento se consolidó la idea de que sólo el paradigma científico podía permitir la comprensión y explicación del mundo con base en un método que permitieran la promulgación de ciertas reglas que existían y que explicaban al mundo en su conjunto. Estas leyes provenientes de la naturaleza, con base en el modelo newtoniano, explicaban e incluso permitían predecir y establecer leyes para el funcionamiento del mundo. Esta misma perspectiva racionalista se aplicó también a las llamadas ciencias sociales. De esta manera, se inauguró una forma de mirar y explicar el mundo, con base en un tipo de racionalidad científica, otorgando un lugar muy secundario o incluso invalidando a otros conocimientos y saberes.

Desde esta perspectiva, se genera una disociación, por demás artificial, cuando no una confrontación, entre los distintos tipos de conocimientos. En ese sentido adquiere importancia el reconocimiento de la existencia de diferentes maneras en que se puede acceder al conocimiento. Aunque la confrontación de estos distintos conocimientos se manifiesta porque se han prefigurado ciertos prejuicios respecto de ellos. “Dos prejuicios frecuentes en la actualidad tienden a restringir considerablemente su uso [el de los conceptos epistémicos]. Al primero podríamos llamarlo prejuicio ‘cientificista’: consiste en la tendencia a restringir la teoría del conocimiento al estudio de los conceptos científicos. […] El segundo prejuicio tiende a reducir el conocimiento a una actividad teórica, desligada de la práctica” (Villoro, 2011, p. 21). Así, todo aquél constructo teórico, que privilegia el uso de concepciones emanadas de la ciencia ha sido sobrevalorada por encima de otras construcciones epistémicas. Esto es así a partir del siglo XVIII, y especialmente en el XIX, el modelo de racionalidad científica se extendió incluso a las ciencias sociales emergentes, “a partir de entonces puede hablarse de un modelo global de racionalidad científica que admite variedad interna pero que se distingue y defiende, por vía de fronteras palpables y ostensiblemente vigiladas, de dos formas de conocimiento no científico (y, por lo tanto, irracional) potencialmente perturbadoras e intrusas: el sentido común y las llamadas humanidades o estudios humanísticos” (Santos, 2012, p. 21). El primer tipo de conocimientos, el sentido común, se ha catalogado como insuficientemente fundamentado, por lo que fue descartado desde un inicio como una fuente de conocimiento veraz. Sin embargo, si consideramos a dicho sentido común como reflejo de un conocimiento que se fundamenta en la práctica, y que por lo tanto tiene una lógica propia toma otra forma.

Con base en un análisis de la condición del paradigma de conocimiento imperante Santos plantea que ante la crisis de éste modelo de conocimiento, se está gestando un paradigma emergente en el marco de lo que él llama la ciencia posmoderna, entre cuyos aspectos considera el papel que tiene el sentido común. En la medida que éste es práctico y pragmático “hace coincidir causa e intención, le subyace una visión del mundo basada en la acción y en el principio de la creatividad y de la responsabilidad individuales”. Se le entiende como un ejercicio del pensamiento indisciplinario y ametódico, porque “no resulta de una práctica específicamente orientada a producir, se reproduce espontáneamente en el suceder cotidiano de la vida” (Santos, 2012, p. 55). Lo que le permite un vínculo muy cercano con la realidad del día a día en que los seres humanos se desenvuelven. El segundo tipo de conocimiento, a pesar de denominarse como ciencias sociales, ha tenido un status jerárquico menor que el de las llamadas ciencias naturales, o también identificadas como ‘ciencias duras’. Esta condición secundaria de las ciencias sociales entre otras cosas se debió, desde su gestación, a su pretensión de retomar el modo de racionalidad y metodológico sustentado en la ciencia natural, para sustentar sus explicaciones del mundo social. De ese modo evidenció de éste, en ocasiones, lo endeble de sus reflexiones, análisis y explicaciones porque enfrente tenía un modelo difícil de replicar. De ahí que se propusiera que el conocimiento en el ámbito de lo social no podía equipararse con el mismo parámetro que el de las ciencias naturales.

Yendo más allá, se afirma que la racionalidad científica es otra manera de hacer evidente el ejercicio de una forma de pensamiento impositivo, que es visto además como “un modelo totalitario, en la medida en que niega el carácter racional a todas las formas de conocimiento que no se pautaran por sus principios epistemológicos y por sus reglas metodológicas” (Santos, 2012, p. 21). Por lo que todo otro conocimiento será siempre subordinado e incompleto, incapaz de explicar al mundo en su conjunto. Si no es científico, inmediatamente el conocimiento cae dentro de la categoría de irracional, en tanto carece de un método estrictamente aplicado, en esa medida se le considera irrelevante, será cualquier otra cosa: una superstición, a lo mucho una creencia, o, en el extremo, una desviación del canon científico.

Esta manera de constituir el conocimiento se extendió gradualmente hacia prácticamente todos los espacios en la vida de la mayoría de las sociedades. Influenciando por supuesto a casi todos los rincones del mundo, de hecho, ha sido el canon impuesto en la institución educativa universitaria, la cual se ha conformado como el espacio privilegiado donde se considera se genera el conocimiento, es decir, las universidades (Wallerstein, 2006).

El positivismo y la difusión de conocimientos científicos

En el recuento de la forma predominante de llevar a cabo la generación de conocimiento, la hegemonía de la perspectiva positivista es la que se ha posicionado como la forma legitimada de llevarlo a cabo. A lo largo del siglo XVIII y XIX la noción de ciencia y sus métodos adquirieron un status privilegiado. De ese modo se asoció ciencia con conocimiento legítimo. Cuando en el siglo XIX se recrea la escuela moderna como institución, en ésta se implanta como ideología dominante que era el recinto al que se asistía para adquirir conocimientos, en especial la institución universitaria. Éste supuso no sólo ser el espacio para la generación de conocimiento, sino también de la formación de dichos creadores (Wallerstein 2006). Pero en general se concibió a la institución educativa como ámbito idóneo donde transmitir el paradigma científico (Delval, 1991). De ese modo, la noción científica del conocimiento de manera gradual pero tácita fue la base filosófica en que la escuela asentó su paradigma cognoscitivo, en especial la universidad se constituyó como el espacio donde se genera y difunde el conocimiento científico.

Vista desde esta perspectiva, la escuela no hace sino tomar en cuenta y legitimar un tipo de conocimiento, el que considera que tiene una base científica, comprobada con un método riguroso. Mientras que otros tipos de conocimientos son desdeñados, por considerar que no cumplen el canon científico. Es en ese punto donde se genera un desencuentro entre distintos tipos de conocimientos y saberes, en tanto a uno de ellos: la ciencia, es el que se ha legitimado y validado en el ámbito filosófico en prácticamente todo el orbe, al cual se le ha otorgado el status de superior e inapelable (Santos, 2012).

La colonialidad del saber como parte de la colonialidad del poder

También se puede identificar la discusión teórico conceptual de los saberes en relación con la situación social y política de las culturas a nivel local, regional, nacional e internacional, especialmente en contextos donde se ejerció la dominación a partir de la colonización de los territorios y los pueblos. Sin dejar de lado el análisis y las reflexiones en torno de los saberes y conocimientos, éstos más bien son tenidos en cuenta como potencialidades que han sido subsumidas y soterradas por los conocimientos predominantes e institucionalmente legitimados, dentro del marco nacional e internacional. Por ello se les ubica dentro de la lógica del moderno sistema mundial (Wallerstein, 1985), cuya lógica sigue siendo la colonización. Sin embargo, mediante las acciones políticas de los movimientos sociales y de reflexiones críticas, éstas se vuelven una forma de descolonizar no sólo en términos políticos sino también en términos epistemológicos (Quijano, 2000) la dominación ejercida sobre las naciones y especialmente la ejercida sobre los pueblos indígenas u originarios.

Además, recuperamos la propuesta que hace Boaventura (2012) respecto a la idea de concebir a los diferentes conocimientos existentes en el mundo realmente existente, bajo la denominación de ecología de saberes. En tanto el conocimiento y método científicos fueron erigidos como ‘la forma’ de explicar el mundo y de generar conocimiento, se les fue situando en un status de privilegio, soslayando la existencia de otros conocimientos y de otros saberes. En el proceso de interpelar a los conocimientos científicamente legitimados, la existencia de los otros conocimientos fue gradualmente deslegitimado hasta casi hacerlos desparecer, tanto en términos prácticos como en términos discursivos. El segundo tipo de saberes, a pesar de ese clima hostil, existieron y permanecen aún vigentes, los cuales son relevantes para algunos sectores de población como formas de explicación del mundo y sus sucesos, aunque de forma soterrada y estigmatizada pero utilizados en su cotidianidad. Cabe el apunte que ‘coincidentemente’ estos saberes soterrados son los de sociedades que en algún momento fueron parte de dominios coloniales, como el África, una parte de Asia o América Latina, o simplemente han sido caracterizados como ese Otro inconmensurable, como Oriente (Said, 1990).

Generación de conocimiento desde la diversidad cultural


titicaca

Los seres humanos han desarrollado múltiples conocimientos en distintas áreas como: salud, educación, artes, cultura, agricultura, entre otros. En distintas partes del mundo se han generado conocimientos, los cuales tienen sentido desde su construcción cultural e histórica. México es un país rico en diversidad cultural y natural. A raíz del reconocimiento de la composición plural de nuestro país, se ha dado un paso importante pero aún faltan por dar otros pasos que permitan no sólo reconocer la diversidad cultural, sino también reconocer y fortalecer los distintos elementos componentes de tales culturas diversas.

La presencia de una gran variedad de ecosistemas genera que las personas mantengan una relación con

el mundo natural y cultural lo que permite formar vínculos de comunicación y entendimiento con la naturaleza, lo cual crea soluciones que inciden en la vida de los seres humanos. Tales soluciones, corresponden a una estabilidad personal, espiritual, colectiva, cultural, natural.

Desde la actividad cotidiana en donde las sociedades han podido plantearse preguntas además de proponer acciones que les permitieran desenvolverse de modo que pudieran reproducir la vida. En ese sentido, si el conocimiento científico asume para sí la prerrogativa de ser un conocimiento válido, y no sólo eso sino el único y legítimo, estamos ante una idea errónea en la explicación del mundo. Si ubicamos que el conocimiento científico moderno tiene un impulso relevante a partir del siglo XVIII, podremos identificar que dicho conocimiento tiene aproximadamente 200 años de existencia. Sin embargo, si lo contrastamos con los conocimientos que las distintas sociedades han generado desde que se conformaron como agrupaciones humanas que necesitaron atender sus necesidades más básicas, es de notar que el científico es el conocimiento que es relativamente reciente. Por ejemplo, el conocimiento generado para solventar la necesidad de alimentarse, no es resultado de la aplicación de conocimiento científico, sino de un conocimiento más cotidiano. Por lo que podemos identificar que la invención de la agricultura es una forma de sistematizar conocimientos que propiciaron la realización de tan relevante actividad, no sólo productiva sino también social e incluso religiosa. Ahí están plasmados conocimientos que permitieron la reproducción de la vida y que además le otorgan un sentido simbólico cuando se acompaña de la realización de algún ritual.

Por ello se logra ver que el científico incluso es posterior a otro tipo de conocimientos, los cuales le han permitido a la civilización humana llevar a cabo su vida, la reproducción de ella y de otros tipos de vida y de diversas actividades. Y una vez que el conocimiento científico es impulsado y difundido, ha logrado ser posicionado ideológicamente como el único y válido. Relegando a otros conocimientos aun cuando éstos sean tan relevantes y necesarios como el primero.

Pluralismo epistemológico: las distintas fuentes del conocimiento

La perspectiva en la explicación de la generación de conocimiento conocida como ciencia se ha puesto a debate y bajo la mirada crítica. Lo que ha llevado a reconocer la existencia de otros sistemas de pensamiento que generan explicaciones y por lo tanto generan conocimientos. De ello deriva que se haya comenzado a hablar de la existencia de diferentes conocimientos que proponen a su vez explicaciones del mundo sustentados en particulares sistemas filosóficos. En ese sentido, se ha abierto el debate y el otorgamiento de validez a la existencia del pluralismo epistemológico (Olivé, 2009; Zambrana, 2014).

Dentro de esa vertiente de pensamiento epistémico plural, se halla el de los pueblos originarios, quienes han generado por años la explicación del mundo desde sus propios referentes de cultura, donde adquieren especial importancia sus sistemas lingüísticos, desde los cuales se le dota de sentidos y significados a la concepción del mundo, acordes con su historia y especificidad. Ello ha derivado en que se ha generado la discusión, reflexión e investigación, aunque no es tan amplio ni tan extendido dicho campo temático, por lo que de algún modo puede decirse que es un campo de conocimiento emergente, al menos en México, al cual se le ha denominado de distintos modos, como epistemologías indias o indígenas (Díaz y Pérez, 2013), conocimientos nativos, ciencia nativa o conocimiento tradicional (Argueta et al, 2011).
Se ha encontrado que la base filosófica del pensamiento de los pueblos indígenas u originarios (Dussel, 2011; Zea, 1989) tiene sustento desde una perspectiva integral donde varios de los componentes de sus saberes y conocimientos tienen un vínculo entre sí.

Por ejemplo, se considera no sólo la existencia de un mundo material sino también de uno subjetivo y espiritual, donde el ritual hace las veces de conexión entre los seres humanos y el espacio de los entes y espíritus que le otorgan permiso a los primeros para realizar actividades y que éstas no tengan consecuencias negativas o funestas para los humanos.

Por lo que es fundamental conocer de qué modo se engarzan sus distintos elementos para explicar su especificidad cognoscitiva. Dentro de los sistemas de pensamiento, diversas culturas, no se concibe la separación entre los seres humanos y el resto de los seres que habitan en el mundo, sean estos seres como animales o entidades espirituales. Incluso se percibe que el entorno, el medio ambiente, es decir, la naturaleza no está escindida del mundo completo e integral del cual los seres humanos sólo son un componente más, y a veces, el menos importante, por cierto.

En ese sentido, los seres humanos mantienen una estrecha relación con la naturaleza, a la cual se le dotan de distintas características. Una de las más importantes es la de ser proveedora de todos los elementos para la sobrevivencia de los seres vivos. Por lo que se le otorgan en ocasiones caracteres divinos, personificados en figuras o entes que son quienes resguardan a dicho medio ambiente.

Es desde esa otra mirada que se concibe la existencia de un mundo donde los seres humanos habitan en relación con otros elementos del mundo circundante. Y a partir de ello se conforma una forma de comprender y de explicar el mundo, el cual, tiene otro basamento filosófico, al cual se le otorgan otros rasgos, no únicamente sustentado en sus componentes racionales. Sino, se consideran elementos espirituales en la comprensión del mundo. Esto le hace tener sus rasgos particulares, que desde la epistemología científica no se consideraría fundamentos de un conocimiento bien fundamentado.

Haría falta abrir la mente para poner en discusión la existencia de distintas maneras en que se genera el conocimiento. Especialmente cuando abordamos el tema del reconocimiento de la diversidad cultural. Más aún, de la diversidad filosófica en que se fundamenta la explicación de los hechos que en las realidades se nos presentan. Queda pendiente ese reconocimiento a cabalidad, lo que deriva también en emprender acciones donde se fortalezcan estos fundamentos epistémicos, para impulsar el debate y la complementación de las distintas miradas acerca de cómo entendemos, cómo explicamos y cómo vivismo este mundo.

 

 

BIBLIOGRAFIA
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