Revista tlahtoa
Publicación bimestral
Septiembre 2017. Número 32

 

Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Biblioteca Ayacucho. José Carlos Mariátegui. Un revolucionario a recuperar.


SERGIO RICCO MONGE*

Vale la pena argumentar el por qué recuperar a un autor de principios del siglo XX y a casi noventa años de su muerte. José Carlos Mariátegui (1894-1930) se encuentra vigente en tanto las oligarquías, palabra en desuso, no se han modificado en gran medida en el último siglo. Una oligarquía atrasada, sin proyecto nacional, sin afán emprendedor, sin vocación de desarrollo tecnológico, afirmada a una hispanidad y hasta donde se puede con tendencias filogringas. Mariátegui es un autor a quien las tendencias hispanistas le repulsan, en esencia, por su carácter depredador y destructivo inicial. La situación de la población campesina puede ser que en algunas latitudes latinoamericanas haya obtenido algún desarrollo en términos de condiciones de vida, pero no lo suficiente, al igual que los sectores asalariados, diríamos hasta no hace muchos años, el proletariado, quienes se encuentran en indefensión y en una situación de cada vez mayor incertidumbre. Mariátegui es un profundo crítico, en principio de su país, pero al cual podemos extrapolar a otras formaciones sociales, con contingente étnico originario, donde la educación es ineficiente, repetitiva, colonialista, en todos su niveles, en donde el ejercicio de la justicia no arriba y que se mantienen dependiendo de caprichos e intereses de una oligarquía de señoritos.

            En estos tiempos de desasosiego, de malestar social, de ausencia de satisfactores de calidad para todos los sectores de la sociedad, Mariátegui se convierte en un punto de referencia y por su vida misma, en un personaje de construcción revolucionaria.

Sergio Ricco


Introducción, por Aníbal Quijano.

Aníbal Quijano nos ofrece un perfil de la obra y vida de Mariátegui, nacido en 1894 y fallecido de manera muy prematura en 1930. Mariátegui es un autodidacta, enfrentado a la oligarquía de su tiempo y a los intereses de ésta, junto con los afanes del imperialismo por los recursos naturales de Perú. Mariátegui se enfrenta a la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) de Haya de la Torre, organismo político con convicción de nacionalismo y con afanes de concertación con las fuerzas oligárquicas de ese tiempo. De tal forma, José Carlos Mariátegui, se convierte en dirigente del proletariado peruano y funda el Partido Socialista de Perú, ligada a la III Internacional Comunista, no sin crítica a la postura estalinista de la Tercera Internacional.

            Mariátegui debe ser considerado uno de los fundadores del marxismo en América Latina. La recuperación de José Carlos Mariátegui a partir de los años sesenta, no solo en Perú sino en otras latitudes latinoamericanas, en gran medida se debe a su poco dogmatismo con el marxismo, la reducida atención que brinda a la economía política y un mayor acento a la teoría política y a elementos culturales, de manera similar al marxismo de Antonio Gramsci. Mariátegui mantuvo una relación relevante con los marxistas italianos. No falta quien indica que Mariátegui soporta su marxismo en consideraciones filosófico metafísicas, tendientes hacia una religiosidad, esta confusión probablemente se deba a la formación social donde se desarrolla Mariátegui; sociedades ligadas a la tierra y con fuertes componentes socio religiosos y míticos, que históricamente han sido motores de la movilización. En este punto Mariátegui es un pragmático.

            La formación de Mariátegui es autodidacta y en gran medida, ecléctica. El contacto en Italia durante los años veinte con los marxistas italianos, Gramsci, Benedetto Croce, y una notoria influencia de Georg Sorel, le otorgan al marxismo de Mariátegui un carácter ecléctico, lo cual no es obstáculo para identificar problemas notorios en Perú y América Latina: atraso de las burguesías, acoso del imperialismo, campesinado como sector social mayoritario, lo cual en la jerga de la época lleva a considerar calificativos como el feudalismo, como en este caso Mariátegui define como gamonalismo, otorgándole particularidad. En este punto, Mariátegui debate con el APRA en torno a una primera fase de alianza con la burguesía nacional a fin de frenar el avance imperialista, inclinándose Mariátegui a combatir a ambos. Mariátegui no logró acceso a desarrollos científicos mayores como la articulación de los modos de producción y los avances sobre el modo asiático de producción, por el tiempo y por sus propias penurias, una enfermedad incapacitante.

            En 1928 Mariátegui funda el Partido Socialista del Perú, que más tarde, a su muerte y por presiones de la Internacional, se convertirá en el Partido Comunista del Perú. Desde el Partido Mariátegui consolida sus ideas sobre el “socialismo indoamericano”, declarando al Partido Socialista como partido proletario, esta tesis se confrontó con el APRA, pues éste se planteaba la constitución de un programa nacionalista, por encima de los intereses de clase. Desafortunadamente, en el proceso, ambas posturas se diluyeron permitiendo una línea nacionalista articulada a los intereses imperialistas.

            Para Aníbal Quijano, la obra de Mariátegui se destaca por sus posiciones con la III Internacional, de acento estalinista, las consideraciones de la socialdemocracia del APRA, y en síntesis de las concepciones unilineales de la historia. Pese a la corta vida de José Carlos, abre causas para el debate sobre género, indios, raza, nación, y con ello el pensamiento de Mariátegui, enriquece al materialismo histórico y a la teoría de las formaciones sociales. El pensamiento de Mariátegui otorga nuevos bríos para enfrentar la crisis que el socialismo real provocó al interior del materialismo histórico, y para nuestro caso, Mariátegui propone el socialismo indoamericano. Mariátegui significa una emergencia frente al pesado evolucionismo positivista de corte eurocéntrico y parte de premisas múltiples para entender la dimensión de los países indoamericanos. 

Siete ensayos.

Mariátegui advierte al inicio que sus concepciones son provisionales y estarán en constante revisión de acuerdo a sus experiencias de vida y a sus investigaciones

Esquema de la evolución económica.

Comienza destacando el carácter socialista del incario, soportado en un sentimiento de deber. La conquista y posterior colonia fracturaron por completo este sistema en que se soportaba el incario, colocando a la comunidad agrícola sedentaria en una situación de desarraigo y fractura. Una gran debilidad de la Colonia fue sostenerse en un aparato religioso-militar sin gran aporte demográfico por parte de la Corona. La colonia se restringió a la explotación de las minas de oro y plata y sin propósito, se destinó al exterminio del indio abandonando el Ande y soportando la colonia por medio de esclavos en la costa.

Una segunda fase es la revolución de Independencia producida por el desarrollo mismo del capitalismo a nivel global. Perú, por su lejanía con Europa, mantiene fuerzas feudales articuladas al desarrollo del capitalismo, no es favorecida con Europa como Argentina y Brasil por su geografía en el Atlántico. Perú, en este momento, se articula más con Oriente teniendo población que queda subsumida al igual que la población negra y así la nueva economía para Perú queda retrasada.

            El guano y el salitre, nuevos recursos para el desarrollo industrial, operado desde Inglaterra promueven la creación de una burguesía en la costa, sin embargo, el país no se articula, ya que los puestos coloniales castellanos en la sierra para la explotación de las minas, quedan en segundo término. La Guerra del Pacífico pierde para el Perú este recurso, sin haber logrado una articulación orgánica en el país. Inglaterra cobra centralidad financiando transportes, créditos, pero luego de la posguerra (1879-1883) y con la construcción del canal de Panamá, el papel colonial inglés es paulatinamente sustituido por Estados Unidos y Perú se acerca a los bancos de Nueva York y a las nuevas empresas norteamericanas, a las minas de nuevo y a un nuevo ingrediente, el caucho. Mariátegui anota que para 1928 son visibles tres formas económicas articuladas en Perú: los resabios de un comunismo autóctono, el feudalismo producto de la colonia y una economía burguesa en la costa de corte retardatario. Es decir, la caña de azúcar y el algodón no han logrado construir ciudades, sino una continuidad de haciendas, sin espíritu emprendedor y provocando el desabastecimiento de alimentos, ya que la visión es rentista y no productiva, en esta formación económica se garantiza una fuerza de trabajo barata y disponible. La observación principal de Mariátegui sobre la economía de la costa es su carácter rentista y poco productivo, quedando a merced de los intereses financieros que están logrando acaparar estas haciendas.

El problema del indio.

“TODAS LAS TESIS sobre el problema indígena, que ignoran o eluden a éste como problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos –y a veces sólo verbales–, condenados a un absoluto descrédito” (p. 26). Para Mariátegui el problema del indio es histórico, y para el caso del Perú, se debe al gamonalismo, fenómeno complejo que implica una situación de servidumbre. Para el lenguaje de la época, es un resabio feudal, que la burguesía se ha negado a resolver. Así ningún acto educativo o caminero tendrá éxito pues siempre será superficial.

            El problema del indio no se reduce a lo administrativo, ya desde el encomendero al gamunal se han realizado recomendaciones sin beneficio ninguno al indio. Tampoco se reduce a una cuestión étnica, esto solo sirve a los intereses imperialistas. No se trata de un blanqueamiento como si fueran ovejas merinas. Para Mariátegui es una insensatez sociológica plantear el problema del indio en términos étnicos. “La degeneración del indio peruano es una barata invención de los leguleyos de la mesa feudal” (p. 30).

            El problema del indio tampoco es de orden moral, ya desde la Colonia las distintas órdenes solo funcionaron como intermediarios entre la mita, y en la actualidad, continúan su labor de intermediación con el gamonalismo. El problema, ya desde la colonia y en la actualidad, es la supresión de la mita y el gamonalismo, por medio del socialismo. El problema del indio tampoco se reduce a lo educativo, más si la pedagogía no contempla la situación económica y social. Para Mariátegui: “El nuevo planteamiento consiste en buscar el problema indígena en el problema de la tierra” (p. 34).

            La Colonia en Perú, fue de destrucción, un régimen de terror y de fuerte disminución de población. La República estableció una legislación para resarcir al indio del despojo colonial, pero esta legislación no conllevo una clase dirigente capaz de llevar las leyes a la práctica y el gamonalismo en el tiempo de Mariatégui, la legislación solo contribuye a la demagogia, continuando las  leyes a favor del indio en letra muerta. La tecnología se mantiene atrasada, la minería, si bien asalariada provoca penuria y se encuentra en posesión de dos grandes empresas norteamericanas.

Mariátegui asiente que las cuatro quintas partes de la población peruana son indígena. El problema del indio, reafirma Mariátegui, es el problema de la tierra y la solución no radica en soluciones filantrópicas y humanitarias que han demostrado escamotear derechos al indio. “La solución del problema del indio tiene que ser una solución social. Sus realizadores deben ser los propios indios” (p. 38). Con ello Mariátegui, concluye este ensayo insistiendo en la revolución socialista indoamericana.

El problema de la tierra.

Mariátegui en su trayecto nos muestra que el humanismo no es la solución, ello se ha convertido en retórica. La respuesta para el indio es económica: la tierra. La República no desamortizó la gran propiedad, por el contrario, en un afán liberal, no logró la pequeña propiedad. En Perú, la pequeña propiedad no corresponde al proceso histórico del indio, y sin embargo, no se experimentó. La tendencia mundial, para los años treinta y como producto de la primera posguerra, ha sido la reducción de los grandes latifundios, situación que aún no cursa en Perú. Una solución puede ser la mexicana, pero otra es la de los países del Este de Europa y la Unión Soviética. Para Mariátegui es políticamente urgente destruir la solidaridad entre el latifundismo, gamonalismo y servidumbre.

La  Colonia en Perú destruyó una lógica agraria muy eficiente, la atomizó y diluyó por la vía del exterminio. De diez millones previos a la Conquista, solo quedaron un millón en Perú y la herencia española ha sido la inquisición y la feudalidad con todas sus taras. Mariátegui identifica a Perú como un país desestructurado regionalmente. La costa, que se pensaría tuviera una lógica liberal eficiente, tuvo que recurrir a la esclavitud, primero de negros, luego de chinos, sin lograr eficiencia.

Para Perú, como para otros países con contingente indígena, Mariátegui señala que la revolución de Independencia no logró consolidar una burguesía vigorosa que logrará suprimir el latifundio, la mita y la servidumbre. El latifundio quedó intacto. Por otro lado, Mariátegui señala un elemento aún contemporáneo en Indoamérica: la separación de clases sociales por color de piel e intereses de origen.

En Perú se creó una falsa república y fue el caudillaje militar lo que dominó, las disputas entre liberales y conservadores: no lograron crear una clase dirigente democrático burguesa ni una base campesina lo suficientemente fuerte para crear un nuevo tipo de propiedad.

Durante la República se continuó con el sistema educativo castellano, promoviendo la formación de leguleyos y curas y dejando el aparato comercial en manos de intereses extranjeros, impidiendo modernizar y tecnificar a Perú. Se fomentó la agroindustria en la costa con base en la esclavitud quedando desmembrado el país entre costa y sierra.

Mariátegui hace intervenir el comunismo agrario del Tahuantinsuyo pero diferenciándolo en el tiempo histórico y en sentido de enfrentamiento de la naturaleza con el hombre, del comunismo de la época. Esta discusión es relevante en tanto el latifundio combate a la comunidad indígena bajo el criterio de la falta de libertad y la necesidad de individualizar la propiedad. Para Mariátegui la supervivencia de la comunidad indígena es una defensa política, jurídica y se soporta en el mantenimiento de la solidaridad, lo que no estaría significando la resistencia del indígena hacia otro tipo de propiedad, simplemente el latifundio no lo permite, ya que se constituye en soportes medievales y ha impedido la consolidación de una burguesía vigorosa que libere al productor de la tierra y lo ubique en otra dimensión histórica.

Tanto en la sierra como en la costa, las formas precapitalistas siguen vigentes. En la costa, si bien hay una mayor tecnificación, ello se debe a cultivos destinados a la exportación; caña y algodón. El Estado peruano no se ha preocupado por producir la autosuficiencia en alimentos para el país, estos deben de ser importados, lógica que se mantiene hasta la fecha en varios países de América Latina.

El proceso de la instrucción pública.

Mariátegui identifica a la educación en Perú como un lastre colonial: “Cuando en sus programas de instrucción pública el Estado se refiere a los indios, no se refiere a ellos como a peruanos iguales a todos los demás. Los considera como una raza inferior” (p. 87). La educación en Perú como en otros países latinoamericanos ha sido verbalista, retórica, con poco afán al trabajo, a la creatividad y al pragmatismo. La educación en Perú está en relación directa a su feudalidad, para Mariátegui no es posible democratizar la educación sin democratizar la economía y la sociedad.

            Mariátegui hace un recorrido por el sistema educativo peruano señalando dos tipos de escuela: una destinada a los sectores marginados y la otra a aquellos con mayores privilegios y la educación técnica y superior no ha podido desarrollarse en Perú. Mariátegui aplaude el movimiento de Córdoba de 1928 que cundió en todas las universidades latinoamericanas y que está en relación a un proceso de democratización de la educación superior con el proletariado de sus distintos países. La universidad en América Latina es concurrida, casi por regla, por sectores proletarizados, que para 1928 reclaman el abandono de un recinto formador de literatos, rábulas y doctores, por el de una universidad vinculada a la sociedad.

            Mariátegui le otorga al estudiantado un carácter protagónico para la construcción del socialismo. Sin embargo, en este ensayo se detiene sobre las particularidades del movimiento estudiantil de diferentes universidades de Perú, concluyendo que la universidad mantiene un carácter estanco, conservador e indiferente a la investigación científica. El carácter anacrónico y conservador mantiene un profesorado ineficiente, repetitivo, que no se aventura por los nuevos métodos de enseñanza e investigación. Cualquier semejanza con las universidades latinoamericanas públicas contemporáneas, es coincidencia.

            Mariátegui es enfático: una educación que no percibe la situación económica y social y no intenta por vía del trabajo resolver los problemas, es una simple pedagogía de repetición. Pone el caso de la educación para el indio que se ha restringido a alfabetizar, lo cual, no es educar. Por otro lado, la cobertura en este aspecto resulta insuficiente en Perú. La educación para el indio es redimirlo de su situación de esclavitud.

            Es de hacer notar que Mariátegui se encuentra familiarizado con la discusión de los pedagogos de vanguardia de la época como Pestalozzi y Froebel.

El factor religioso.

La religiosidad en el Incario, en el Tahuantinsuyo, se soportaba en una totalidad, no se distinguía la economía, la política y la sociedad del proceso religioso.

Mariátegui ofrece una imagen particular de la empresa de conquista o colonia. Como conquista es una empresa militar eclesiástica y la colonia se soporta en la encomienda y luego en el latifundio como una institución político religiosa. Para estos dos procesos, Mariátegui ubica al español como un reducto del Medioevo, la última cruzada. Lo que arribó a la América española fueron escolásticos, teólogos y conventos. Sin embargo, Mariátegui no niega que algunos clérigos lograron obtener no pocos conocimientos nativos, pero la construcción política de la colonia impidió su aplicación. La inquisición se constituyó en una persecución de ideas y de creación.

En este punto, Mariátegui realiza un formidable ensayo entre la teología medieval con fuerte acento católico y la Reforma protestante, que dio pie a formaciones sociales diferenciadas, la primera reducida a encomiendas y latifundios y la segunda a empresas capitalistas. Mariátegui se constituye en un precursor de la ética protestante como detonante de la empresa capitalista, tesis ya elaborada por Max Weber (1905).

El peso de una empresa militar eclesial ha sido muy fuerte en Perú, y en consecuencia el liberalismo resulta débil y sus expresiones más radicales solo se dan hasta el siglo XX.
Regionalismo y centralismo.

Para Mariátegui esta es una tesis tan ociosa como la que se dio en el siglo XIX entre conservadores y liberales, sin dejar de destacar que para ambas tendencias, la idea sobre el indio era la misma; un ser inferior.

            Recupera los estudios de Valcárcel sobre la cuestión del indio en relación directa a la tierra, este autor, mantiene la tesis de un incario sin el inca y ya sea el centralismo o el federalismo, el combate contra el gamonalismo. Para Valcárcel la solución se encuentra en el ayllu.

            Mariátegui nos ofrece una rica discusión en torno a la consideración de la región que tiene fuertes raíces históricas e incluso antecede a la nación. En Perú, como en otros países latinoamericanos, la regionalización ha sido meramente un acto administrativo, sin respetar historia, geografía y demografía y evitando así una verdadera unidad, una articulación nacional. Para Perú tradicionalmente se han considerado tres regiones, la costa de orden español, criollo y mestizo, la sierra indígena, que no ha sido alcanzada por la costa y la montaña (la floresta) que aún está por definirse. En síntesis, Mariátegui estaría proponiendo un reordenamiento integral en vez de una integración nacional, no existente en Perú, y que se podría extrapolar a otras formaciones sociales latinoamericanas.

            El problema de la centralización o la federación sigue vigente en los países latinoamericanos y se encuentra en relación directa a las autonomías. Es un problema jurídico territorial que no ha logrado un planteamiento correcto no solo para Perú sino para otras latitudes latinoamericanas. Mariátegui sintetiza la oposición entre el gamonalismo y una redención del indio y la tierra. Por su propia geografía y por sus recursos económicos, Perú no puede ser un país centralista.


El proceso de la literatura.

Mariátegui realiza un magistral estudio sobre la literatura en Perú, sus raíces desdeñadas de lo quechua y aimara, el carácter colonial de su literatura, salvo de Garcilaso, un hispanismo muy acentuado que se sintetiza en la siguiente cita “La literatura peruana es una pesada e indigesta rapsodia de la literatura española, en todas las obras en que ignora al Perú viviente y verdadero” (p. 204).

            Mariátegui ubica a dos figuras en la literatura y en la política peruana, Ricardo Palma y González Prada, quienes pueden comenzar a considerar un Perú integral al margen del colonialismo castellano. Mariátegui, con admiración, destaca la figura de González Prada como la de un cosmopolita anárquico y liberal, positivista, que desde la literatura logra destacar elementos sociológicos y económicos de Perú, pero sin lograr arribar a resoluciones de orden político.

            En su recorrido por los estilos literarios de Perú, Mariátegui nos muestra la fuerza del gran poeta César Vallejo. Me permito reproducir un pasaje de Los heraldos negros:

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

Mariátegui ubica a Vallejo como un parte aguas de una literatura lacaya y de feria hacia una de compromiso, sensible a la pobreza y un romanticismo que ubica el pesimismo y nostalgia indígena en un proyecto social.

En una interesante comparación, Mariátegui observa la literatura indigenista surgida en las primeras décadas del siglo XX de Perú con la literatura mujikista y el futurismo de Rusia, donde no solo se describía el ambiente sino se describían las injusticias sobre el campesino y el proletariado. Perú requiere consolidar un criollo, a consideración del Mariátegui, no existe un criollo definido como el que sí se puede encontrar ya en Argentina. Perú continúa siendo un país en formación, de contrastes, de diferenciaciones geográficas y culturales. Para el tiempo en que escribe Mariátegui, ubica a la nueva literatura ligada al socialismo indoamericano. En Perú se está asistiendo a la fractura de un nativismo criollo superficial, soportado en el colonialismo hispano, que no describe y no propone.

Mariátegui no tiene empacho en orientar su simpatía en un mestizaje con el indio, y solo será a partir de un nuevo proyecto social, que los descendientes del negro traídos por la colonia y que mantienen aún mansedumbre hacia ésta, se enfilarán en la construcción de una nueva sociedad, de igual forma se expresa del chino que no ha dado aportes a una formación nacional. En Perú no existe un mestizo, son entrecruzamientos históricos complejos. En este punto, Mariátegui nos advierte sobre la definición de una literatura indigenista y es debido a que es el mestizo el que escribe, aun no conocemos una literatura india, ésta se logrará en el nuevo proyecto social, ya que el indio se ha encontrado acosado, menospreciado e iletrado. Habrá que esperar la generación de intelectuales indios.

* SERGIO RICCO MONGE es antropólogo y educador.

 

 

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